Unidad Sociológica

ISSN 2362-1850. Publicación cuatrimestral.

Año 5, N° 19. Junio 2020 - Septiembre 2020.

Cuerpos, géneros y discursos

Grupo de lectura sobre análisis sociológicos clásicos y contemporáneos (GLASCyC)

Marx y Durkheim: dos relaciones tensas con la filosofía

 

Irving Jesús Hernández Carbajal

Licenciado en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente es maestrante en el posgrado de Ciencias Sociales en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, ubicado en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, México. irvingfozzie@gmail.com

 

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Resumen

 

En el siguiente trabajo se revisarán algunas de las relaciones que guardan los pensamientos de dos autores clásicos, Marx y Durkheim, primero como teóricos de lo social y después sus tensiones con la propia Filosofía, en tanto que disciplina; problematizando las diferencias sustanciales que emergen de sus ideas y propuestas.

Además, se atenderán las críticas que en su momento ambos le hicieron a la Filosofía de su tiempo; con el propósito final de examinar si realmente las Ciencias sociales y sus metodologías están completamente divorciadas de las cuestiones filosóficas, como aquellas que son de orden epistemológico, ético y ontológico.

 

Palabras clave

 

Karl Marx  – Durkheim – Filosofía – Ciencias Sociales – Sociología.

 

Abstract

 

The following work will review some of the relationships between the thoughts of two classical authors, Marx and Durkheim, first as social theorists, and then their tensions with Philosophy itself as a discipline without ceasing to problematize the substantial differences that emerge from their ideas and approaches.

In addition, the criticisms that both made of the Philosophy of their time will be addressed, with the final purpose of examining if genuinely the social sciences and their methodologies are fully divorced from the philosophical questions, such as those that are epistemological, ethical, and ontological.

 

Keywords

 

Karl Marx – Durkheim – Philosophy – Social sciences – Sociology.

 

Introducción

 

La historia de las ciencias sociales es bastante reciente, sobre todo si la comparamos con la de otras ramas de la ciencia o con la de la filosofía. Para lograr delimitar sus objetos de estudio, pertinencia y métodos ha necesitado de una serie de esfuerzos de largo aliento, constantes e intensos.

Una de las condiciones para poder asentarlas como disciplinas propiamente científicas, en tanto que rigurosas, competentes y empíricas, fue el hecho de que tuvieron que ir generando un corpus teórico que les fueran dando forma, unidad y cohesión.

Dos autores sin duda fundamentales para poder lograr esta tarea fueron Karl Marx y Emilé Durkheim. A tantos años de distancia sus teorías, conceptos, argumentaciones y herramientas todavía están de muchas maneras vigentes, no sólo para pensar al mundo social y sus relaciones, también para lograr transformarlo.

Si bien dichos autores sentaron bases sólidas y firmes para la construcción y el asentamiento de las ciencias sociales, ambos tienen una relación anterior con otra disciplina, en la que de hecho se formaron y desde la cual empezaron a pensar: la filosofía. Marx y Durkheim son pilares de las ciencias sociales, pero ambos fueron también filósofos, por más que los dos renegaran y despotricaran en su momento contra ella.

La intención de este texto es la de analizar la relación de ambos autores con la filosofía, ver en qué punto rompen con ella, pero también entender cómo fue decisivo para sus ideas el haber sido formados en ella, lo que necesariamente nos lleva a preguntar también por la ciencia, ¿cuál es la diferencia entre ciencia y filosofía, atendiendo a Marx y a Durkheim? ¿Se han demarcado completamente? ¿La reflexión filosófica es el estadio previo del trabajo científico? ¿Sólo hay conocimiento científico? ¿Qué diferencias y también acercamientos hay entre Marx y Durkheim, en función de su relación con la filosofía?

 

La relación entre ciencia y filosofía

 

En el pasado distante de Occidente, por ejemplo, en el tiempo griego clásico o después en la época medieval, donde nacen las primeras universidades, con sus cuatro formaciones iniciales (Teología, Filosofía, Medicina y Derecho), la filosofía, en tanto que disciplina, estaba bien delimitada, al menos en lo que se refiere a su concepto, su relación era directa con el conocimiento, pero si lo que escribe Wallerstein es cierto:

 

A través del tiempo ciertas personas, alrededor del siglo XVIII, empezaron a cuestionar la diferencia entre el teólogo que decía su verdad, y en ello poseía su autoridad, y el filósofo que hacía lo mismo. Esas personas comenzaron a llamarse científicos. Postularon que la verdad se descubre empíricamente y que no es deducible de leyes naturales o de ordenamientos divinos. La realidad podía ser descubierta en el mundo actual a través de métodos particulares que se denominaban métodos científicos. Por primera vez, se dio un divorcio entre la ciencia y la filosofía. Antes, las dos palabras se utilizaban para significar más o menos lo mismo. (Wallerstein, 1997:10)

 

Filosofía y ciencia se escindieron y han pasado a ser dos disciplinas distintas, que en algún punto se tocan y retroalimentan, pero con dicha ruptura ya no sabemos con tanta certeza a qué se refiere la primera, hasta donde llega su injerencia, su campo de estudio. Mientras que la ciencia nos queda más clara, al saber que tiene una parte experimental (empírica) y que además posee una serie de métodos bien definidos.

Wallerstein en ese mismo texto, haciendo uso de la triada platónica nos dice que a la ciencia le interesó únicamente la verdad (en tanto que conocimiento), mientras que la filosofía, producto del divorcio, se quedó con las preguntas acerca de la belleza y de lo que es bueno (la ética y la moral).

Mario Bunge recupera la relación entre ciencia y filosofía, pensando solamente en la Filosofía de la ciencia, como aquella reflexión y crítica de la ciencia y su método, porque después de todo pensar en y a la ciencia (metaciencia) no es propiamente algo científico, es en todo caso de orden filosófico.

Lo cierto es que mientras que la ciencia parece dar pasos enormes en cuanto a su producción se refiere, la filosofía, desde su despliegue histórico, ha dado la sensación de estar estancada, de ser una suerte de aporía, discusión sin final, estéril y hasta ociosa, en gran razón por eso en los años recientes se planteó (y ejecutó) en varios países su eliminación de los programas de estudio del bachillerato, por no encontrarle una utilidad.

Habrá que remontarse y recordar que la actividad filosófica tiene una relación más íntima con los seres humanos que la mera obtención de grados académicos y la acumulación de conocimientos, se requiere de cierta sensibilidad y de una actitud, porque la filosofía no se origina con la respuesta a una duda, tiene su nacimiento con la pregunta misma, cuando se cuestiona algo ya se están sentando las condiciones para empezar a filosofar. La filosofía en estos términos no sólo es un saber, también es un modo de ser y de estar en el mundo, por lo tanto, es también una praxis.

También habrá que reconocer, así como la ciencia y su proceder han cambiado históricamente y se ha refinado, sería ingenuo creer que la filosofía no ha devenido ni cambiado en todos estos años a cómo la hacían Platón o Aristóteles, pero sin duda también ha conservado los siguientes elementos: debe ser crítica (no caer en lo dogmático o doctrinal), por lo tanto, es abierta (es decir: discutible y argumentable) y finalmente es reflexiva (invita a pensar).

 

Marx y la filosofía alemana

 

La ideología alemana. Critica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas” es el título de uno de los primeros grandes textos escritos por Marx, en colaboración con Engels, que tomaron relevancia.

Aquí despotrica contra la filosofía, pero no en contra de toda ella, en tanto que disciplina, de hecho, lo que hace es poner en duda la vigencia y pertinencia de las reflexiones de sus contemporáneos, que se han auto nombrado como hegelianos o neo hegelianos, Marx dice que el espíritu de Hegel deambula decrépito e imperando en su época en las cabezas y reflexiones de sus conciudadanos y colegas.

¿Qué quiere decir lo anterior? Marx se da cuenta que los filósofos de su época han perdido las características filosóficas que mencionábamos antes, en este sentido han dejado de ser críticos, se convirtieron en seguidores fervientes de Hegel y de su sistema filosófico, haciendo una lectura doctrinal y casi dogmática, esto en gran parte por la potencia del pensamiento hegeliano.

¿Qué es lo que encuentra Marx referente al carácter abierto, en tanto que discutible y argumentable de la filosofía en estos tiempos? Que si bien, todavía hay discusiones, caen siempre en cuestiones muy técnicas, por ver quién ha entendido mejor a La fenomenología del espíritu y saber quiénes han notado problemas en ella, a costa de olvidarse de lo principal: de lo que se trataba no era de ver quién comprendía mejor a Hegel o a sus conceptos, el compromiso era en todo caso tratar de conocer o dar cuenta de la realidad.

Y aquí la pregunta surge con toda su fuerza: ¿la filosofía de Hegel describe o explica la realidad? Sería muy ingenuo y pretencioso creerlo, aún se cuenta en las facultades de filosofía a modo de anécdota que el mismo Hegel ante esta observación decía “si la realidad no se ajusta a mi sistema, peor para ella”.

La relación entre el pensamiento de Marx y de Hegel es compleja, Marx respeta su proceder filosófico, tanto que recupera varios elementos de él, como la dialéctica, que termina por adaptar como una dialéctica negativa, que es materialista, Marx se sabe deudor, tanto que termina por considerarlo un gran maestro y filósofo. Lo que le molesta a Marx en realidad son sus contemporáneos, que se rindieron de manera dogmática e inexorable ante Hegel y se dedicaron a tratar de comprenderlo, olvidando de que fuera de su pensamiento había un enigma mucho mayor: la realidad misma, pensado aquí en el mundo social y sus relaciones.

Aunque deudor, uno de los rompimientos claros de Marx con Hegel, fue precisamente en términos de la disputa filosófica entre el materialismo frente al idealismo. Escribe:

 

Las premisas de que partimos no tienen nada de arbitrario, no son ninguna clase de dogmas, sino premisas reales, de las que sólo es posible abstraerse en la imaginación. Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado como las engendradas por su propia acción. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía puramente empírica. La primera premisa de toda historia humana es, naturalmente, la existencia de individuos humanos vivientes. (Marx, 1974:19)

 

Mientras que para Hegel la conciencia determina al objeto y en ese sentido el Espíritu, en tanto que entidad metafísica, es por excelencia la pura idea que va dando paso a la materia; para Marx, en su comprensión, sucede de otra manera, “no es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia” (Marx, 2008:5), de lo que hay que partir entonces es de lo concreto, es decir de aquello que puede verse, conocerse, comprobarse, eso sería precisamente a los propios hombres de carne y hueso, aquellos que trabajan y se relacionan socialmente con otros humanos.

Para Marx las instituciones se forman gracias a esto primero y no viceversa, no serían pues las puras instituciones las que dan forma a los humanos, ese es el carácter materialista de Marx, que se vuelve más sólido aun cuando dice que la historia humana, es un materialismo dialéctico, que se concreta en una lucha de oprimidos contra opresores, siendo esto históricamente comprobable.

En ese caso entonces, no se trata de leer a Hegel, el menester es regresar al estudio de la realidad misma, entendiendo por esto volver al hombre concreto, con sus relaciones, en las que sin duda es fundamental la parte del trabajo, ya en un segundo momento, vendrían las cosas abstractas, como el estado, el mercado, la sociedad, la cultura, etc.

Este rompimiento de Marx con el cómo se hacía filosofía en su tiempo lo termina por llevar a ser considerado como uno de los pioneros de la causa de las Ciencias sociales, porque precisamente sienta las bases para un estudio empírico de la realidad, dejando de lado los problemas del idealismo (que sería entonces un análisis del sustrato metafísico de la idea de la realidad), en la ciencia no se va a debatir si lo que se ve es idea o no, se asumirá siempre su materialidad y se trabajará con y desde ella, por eso la primacía de tener un método que sea empírico, porque esto concreto (que es lo material) puede comprobarse y experimentarse con los sentidos.

 

Durkheim y la filosofía

 

Como dato histórico: Durkheim en 1882 se licenció en filosofía, en la Escuela Normal Superior de París, pero como veremos a continuación con los años tomó distancia y renegó de dicha formación, sobre todo para poder contribuir a desarrollar y asentar una disciplina científica, de la que muchos lo consideran padre: la sociología, que retoma en gran medida del positivismo de Comte.

En Las reglas del método sociológico, Durkheim inició una disputa en contra no sólo de la filosofía, también de la psicología, esto para poder demarcarlas y diferenciarlas de la sociología, en tanto que ciencia y por lo tanto también de su objeto de estudio.

A la filosofía le hace la crítica de que su método, si es que posee uno, no es experimental, en términos de que pretende encontrar la verdad del mundo desde la interpretación, indagación o el razonamiento deductivo y particular de un individuo, que necesita ser virtuoso y sumamente inteligente, en este caso el filósofo; mientras que para Durkheim se trata no de pensar ni de dilucidar brillantemente en qué consiste la sociedad, el menester es salir a conocerla, dar cuenta de ella, no es entonces un trabajo por la idea que se tenga de la sociedad, es dar cuenta objetivamente de lo que la sociedad en efecto es.

Contra la psicología lo que pelea es que hay estructuras previas a los sujetos (como la sociedad, el lenguaje o la moralidad), que no dependen de sus condiciones de conciencia para que existan, ni tampoco de sus meras percepciones, dicho de otra manera: el lenguaje no sería un acto psicológico, porque el lenguaje en tanto que estructura es anterior al sujeto, la única tarea de éste es la de poder asimilarlo y después ponerlo en práctica, no construirlo ni elaborarlo en su conciencia, es en este sentido que Durkheim también establece para el método de la Sociología que de alguna manera los fenómenos sociales son exteriores a los individuos.

Al establecer dicha afirmación Durkheim no se mete en una camisa de once varas, no entra a la discusión ontológica de qué es un hecho social, es decir no se pregunta por su naturaleza, en tanto que idea o materia, por el contrario, trabaja solamente con aquella parte concreta del hecho social, es decir la que es empírica y visible, la relación social en sí misma, como la acción.

El autor lo tiene claro, toda ciencia necesita tener su objeto de estudio para saber con qué trabaja y cómo hacerlo, así que define que el de la sociología son los hechos sociales. Nuestro autor quiere encontrar las leyes universales de las sociedades, aquellas cosas constantes que no cambian, para poder establecer generalidades.

Durkheim piensa que la naturaleza de la sociedad es análoga a la de los fenómenos físicos, entonces si se pueden conocer las leyes y principios que rigen a la naturaleza, también se pueden encontrar aquellos desde los que se mueve y se comporta una sociedad.

Para el sociólogo francés la sociedad es más que la suma de sus partes, no sólo son los sujetos, instituciones, tiempo y espacio, son también las relaciones que se dan entre todos estos elementos.

Regresando a Wallerstein, nos había dicho que mientras que a la ciencia le interesó únicamente la pregunta por el conocimiento, la filosofía se quedó con las reflexiones por lo bello y por lo bueno, pero en Durkheim sucede algo particular, que obedeciendo a dicha lógica da cuenta todavía de su proceder e inquietudes filosóficas: retoma a la moralidad de las sociedades como objeto de análisis, ¿y qué es la moral si no la pregunta por lo que es bueno diferenciándolo de lo malo? Lo interesante en dicho autor es cómo formula la investigación por la moral, ya que no se pregunta por ella en sí misma, es decir, no quiere saber qué es lo bueno, lo que pretende lograr es poder medir los grados de moralidad de las sociedades en la historia, se pregunta por algo de la moral (según Wallerstein un objeto de estudio filosófico) pero lo hace desde un proceder científico, por lo tanto, la necesita volver cuantificable.

 

Marx y Durkheim

 

Durkheim pretende medir la moral de las sociedades, pero desde la filosofía surge una pregunta legítima, ¿por qué si no quiere dar cuenta del bien o del mal quiere realizar dicha empresa? ¿Para qué hacerlo? La respuesta del francés es contundente: para poder comprender y describir a las sociedades mismas. Ya lo habíamos escrito en otro punto, Durkheim piensa que el trabajo de la sociología no es caer en las ideas, en tanto que personales y diversas, que tengan las personas que estén indagando o queriendo hacerlo, en este caso los filósofos, quiere lograr el descubrimiento, en tanto objetivo y universal, de los principios y leyes de lo social, los cuales desde su óptica positivista pueden ser descubiertos.

Aquí hay una clara diferencia entre Marx y Durkheim, porque para el segundo el trabajo es encontrar dichos principios para comprender y describir, mientras que para el primero de lo que se trata no sólo es de comprender, desde un enfoque crítico, también de transformar, Marx quiere entender la lógica del capitalismo, pero no para quedarse en ella, en el último de los casos lo hace para poder cambiar la realidad social, en el modo en cómo se dan las prácticas.

Las diferencias son notorias en este aspecto, mientras que para Durkheim la división del trabajo es una clara muestra del desarrollo de las sociedades, porque primero hace dependientes a todas las personas del trabajo de otras, ya que si uno se especializa mucho en algo no puede realizar otra cosa, que también necesita, entonces debe relacionarse con otra persona que sea especialista en aquello que requiere, además de que para el francés la división del trabajo permite que los sujetos se desarrollen más en cuanto a su identidad se refiere, porque alcanzan a diferenciarse por la actividad laboral que desarrollan.

El francés entiende a la sociedad como un organismo, entonces de esta manera lo piensa conformado por órganos, que trabajan todos de maneras diferentes, haciendo procesos diversos y específicos, pero todos en función de lo mismo: mantener vivo al cuerpo, a la propia sociedad.

Es interesante que para realizar su estudio quiere dar cuenta de la moralidad, o en sus términos más precisos, de la solidaridad, que es aquel elemento que permite la cohesión entre las personas que conforman el organismo social. Pero la empresa que se ha propuesto no es tan sencilla, porque reconoce que quiere hacer un estudio científico de algo que parecería ser muy subjetivo, pero de manera muy hábil se da cuenta que sí se pueden medir ciertas cosas de la moralidad de las sociedades, quizá no de su contenido, pero sí de los lazos solidarios que tienen, eso es observable, comprobable y empírico.

La división del trabajo se relaciona con la solidaridad, porque al cada uno de nosotros enfocarse en su propio trabajo, confía y no sólo eso, también depende de que los otros hagan el suyo, pues la sociedad se convierte en algo más allá de la suma de sus partes, es decir de sus instituciones, personas, espacio y tiempo, también incluye algo extra, el cómo se dan las relaciones sociales entre todos los elementos anteriores.

De esta manera reconoce dos tipos de sociedades: una primitiva y otra moderna (industrial) siendo la segunda donde la solidaridad se expresa de mejor manera y en grados mucho más altos, pues al estar tan especializada todos dependen de todos, por lo tanto, cuesta trabajo pensar en alguien viviendo fuera de la sociedad, mientras que en las primitivas como no hay una clara diferenciación de trabajos, todos hacen más o menos lo mismo, entonces no hay lazos de solidaridad tan fuertes.

La misma división del trabajo permite diferenciarnos, crear una identidad, el que hagamos cosas diferentes nos permite ser también diversos; regresando a la metáfora del cuerpo: todos los trabajos se vuelven vitales e igualmente importantes porque están interconectados.

Hay varias lecturas de Marx, en lo que se refiere a la división del trabajo, dependerá del texto en el que se busque, si en aquellos de juventud o en los de supuesta madurez, si en los manuscritos del 1844 o en El capital, pero en el pensamiento marxista hay varias pistas que apuestan a una noción de que la división del trabajo en una sociedad capitalista adquiere características de injusta e impuesta, esto porque no hacen el mismo trabajo los burgueses que el proletariado, de hecho son los primeros los que explotan a los segundos, pagando por hacer uso de la fuerza de trabajo, es en ese sentido que hacen labores que de otra manera quizás nadie quisiera realizar, no trabajan por gusto o elección, lo hacen por necesidad, condicionados, perdiendo en el camino aquello que les da su esencia, su fuerza de trabajo y su tiempo de vida, además de la precariedad en las cuales lo hacen, sin recibir prestaciones dignas, enajenados y alienados, pensando que es la única manera en la que podrían vivir, asumiendo la división del trabajo como una fatalidad, producto del destino, como una suerte que no se puede cambiar, siendo que para Marx precisamente el esfuerzo crítico sería decir que no es digno y que se debe de transformar.

Durkheim critica este ideal marxista, porque ve en él todavía un sesgo del deber ser, es decir de la idea que tiene Marx de cómo deberían ser las sociedades, desde su muy particular punto de vista y valores.

La encrucijada está abierta: ¿qué queremos? ¿Entender para saber por qué las cosas son así? ¿O comprender para después poder transformar?

En ambas posturas hay de fondo una ética filosófica, que se convertirá después en una práctica del sujeto que pretende conocer algo de la realidad, para Durkheim desde el querer mantener la neutralidad y la mayor objetividad posible, en Marx de una propuesta crítica que termine por incidir en la realidad social.

Quizá las maneras de proceder sean distintas, pero en ambos autores las preguntas siguen vigentes: ¿qué queremos lograr y para qué hacerlo? ¿Cómo vamos a conocer y para qué queremos conocer? Aquí podemos ver que la filosofía no es un estadio previo de la ciencia, que en todo caso van de la mano y se retroalimentan. Wallerstein lo pone en los siguientes términos:

 

Debemos reconstruir todo. Debemos aceptar con razón que las ciencias conforman el mundo del saber, forman parte de la cultura general, y que el investigador no puede sustraerse de su cultura. Por otra parte, me parece que deben terminar distinciones tales como la que separa a los seres humanos y la naturaleza, que fue una invención de los siglos XVI y XVII y plantearnos reunificar nuestra epistemología del saber, debemos terminar con el divorcio entre ciencia y filosofía”. “Todo llega a ser ciencia social. No hay otra cosa en el mundo del saber. Todo es ciencia y todo es social” (Wallerstein, 1997:36).

 

Si bien dichos autores contribuyeron a crear el divorcio entre ciencia y filosofía, parece más ser una especie de falso dilema que se debería superar. Wallerstein apunta no sólo a la unificación de las ciencias pensando en su clásica división entre duras o puras frente a las sociales, también llama a reconciliar filosofía y ciencia, volverlas complementarias, al final de lo que se trata es de poder explicar la realidad de la mejor manera posible y eso incluye una integración de las diferentes disciplinas, no una pelea por ver quien, desde la especialización, lo hace mejor.

La realidad es compleja, por ejemplo, querer explicarlo todo desde el determinismo genético sería algo ingenuo y reduccionista, habría que asumir que sólo sería una parte de la explicación, nunca el total de ella. La realidad no tiene problemas científicos ni tampoco filosóficos, la realidad es total, no parcelada.

 

Conclusiones

 

La filosofía sigue vigente y no ha muerto, de hecho, basta con revisar su pertinencia en todos los planes de estudio de las diferentes universidades que ofertan las formaciones en ciencias sociales, todas incluyen materias que refieren a la epistemología, que recordemos es una rama de la filosofía y no una disciplina científica.

La epistemología tiene que ver con el conocimiento, haciéndose varias preguntas, entre ellas: ¿podemos conocer? ¿Qué podemos conocer? ¿Cómo podemos conocer? ¿De dónde viene el conocimiento que tenemos? ¿Cuál es la naturaleza del conocimiento? ¿Quiénes puede conocer? Por lo tanto, no sólo hay conocimiento científico, contestando estas preguntas se genera también conocimiento filosófico.

También es necesario mencionar que además de la reflexión sobre el conocimiento, también se necesita a su vez de toda una propuesta ética (otra disciplina filosófica) es decir: ¿cómo es que vamos a conocer? ¿Y para qué queremos hacerlo?

Todas estas preguntas y dimensiones están vivas en los pensamientos de Marx y Durkheim, aunque como ya vimos son atendidas de maneras muy diferentes.

 

Bibliografía

 

Durkheim, E. (1993). La división del trabajo social. México: Editorial Colofón.

 

Durkheim, E. (2001). Las reglas del método sociológico. México: Fondo de Cultura Económica México.

 

Marx, K. (2008). Contribución a la crítica de la economía política. México: Siglo Veintiuno Editores.

 

Marx, K. & Engels, F. (1974). La ideología alemana. Crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas. Montevideo: Ediciones Pueblos Unidos.

 

Wallerstein, I. (1997). La historia de las ciencias sociales. México: Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencia y Humanidades, UNAM.

 

Wallerstein, I. (2004). Las incertidumbres del saber. Barcelona: Gedisa Editorial

 

 

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