Unidad Sociológica

ISSN 2362-1850. Publicación cuatrimestral.

Año 5, N° 18. Febrero 2020 - Mayo 2020.

Dinámicas contemporáneas de inclusión/exclusión de grupos racializados, minorías etno-nacionales y religiosas

Grupo de lectura sobre análisis sociológicos clásicos y contemporáneos (GLASCyC)

Migraciones y crisis estructurales: la construcción de estereotipos en el sistema educativo

 

Tatiana Kravetz

Licenciada y Profesora en Sociología, Universidad de Buenos Aires (UBA).

 

Resumen

 

En los inicios del nuevo milenio asistimos a la construcción de un discurso hegemónico que se vale de ciertas características estigmatizantes sobre determinados sectores de la población, particularmente los colectivos migrantes. Estos estereotipos buscan explicar linealmente una realidad social que responde a procesos de transformación e inflexión mucho más amplios, donde estructuras socioeconómicas se fueron modificando.

El presente artículo busca dar cuenta de las representaciones sociales sobre las recientes migraciones de países limítrofes que tienen los docentes de escuelas públicas. Las instituciones educativas constituyen un ámbito fundamental para la socialización de los individuos, y por lo tanto los actos de nominación, valorización y clasificación que realiza el sistema educativo tienen implicancias en la (re)producción de estos discursos. En particular se indagará sobre la relación de los grupos migratorios con los puestos laborales y la utilización de servicios del sistema público nacional: la salud y la educación. También se profundizará cómo a través de ciertos estereotipos negativos se construye un otro diferente al nativo.

 

Palabras clave

 

Migraciones limítrofes – Discurso hegemónico – Construcción de otredad – Representaciones Sociales - Docentes

 

Abstract

 

At the beginning of the new millennium we are witnessing the construction of a hegemonic discourse that uses certain stigmatizing characteristics on certain sectors of the population, particularly migrant groups. These stereotypes seek to linearly explain a social reality that responds to much broader transformation and inflection processes, where socioeconomic structures were modified. This article seeks to account for the social representations of recent migrations from neighboring countries that public school teachers have. Educational institutions constitute a fundamental environment for the socialization of individuals, and therefore the acts of nomination, valorization and classification carried out by the educational system have implications in the (re) production of these discourses. In particular, it will inquire about the relationship of migratory groups with jobs and the use of services of the national public system: health and education. It will also deepen how through certain negative stereotypes a different other than the native is built.

 

Keywords

 

Border migrations – Hegemonic discourse – Construction of otherness – Social Representations –  Teachers.

 

Introducción

 

Durante la década del noventa se promovieron una serie de reformas neoliberales en el país cuyos objetivos principales tendían a la desregulación de la economía, la privatización y minimización del Estado (Portes, 2001; Basualdo, 2006). La implementación de estas medidas tuvo profundas consecuencias en la sociedad argentina, muchas de ellas más visibilizadas a comienzos del nuevo siglo, aumentando los niveles de desigualdad y de exclusión en la población.

Como consecuencia, en estos años, nos encontramos frente al surgimiento de un discurso hegemónico que no responsabiliza al Estado de estas secuelas, sino que se ampara en los inmigrantes como chivo expiatorio. Es decir, surgen discursos como “los inmigrantes son quienes nos dejaron sin empleo, son los culpables de la inseguridad, etc.”, “ni siquiera argentinos son y encima hay que darles de comer y curarlos gratis en hospitales”, “acá hay dos clases, los que trabajan y hacen sacrificios y tienen algo y los que roban y son vagos y pretenden vivir de los demás” (Citas extraídas del diario Perfil: Conflicto por la inseguridad. Qué dicen en Villa Jardín, el barrio dividido por el muro, 8 de abril del 2009, Bs. As).

Por lo tanto, el discurso hegemónico parecería responsabilizar a los migrantes de deteriorar el sistema educativo y sanitario, y de dejar a los argentinos sin trabajo, cuando ello en realidad es producto de un proceso histórico mucho más amplio, el cual podemos ubicar en el marco del desmantelamiento del Estado de bienestar. Para varios autores, la década del setenta es un punto de inflexión, donde entra en crisis un paradigma político-económico cuyos rasgos más característicos eran el corporativismo, el Estado Keynesiano, el crecimiento del mercado interno, el pleno empleo, la industrialización, la paz laboral y los beneficios del Estado benefactor. En este sentido, la década del noventa conforma una profunda ruptura con dicho paradigma (Zapata, 1993).

El presente artículo busca describir los modos en que ese discurso hegemónico sobre la migración es reproducido desde las escuelas, concebidas éstas en tanto aparatos ideológicos del Estado (Althusser, 1988) y teniendo en cuenta, además, el rol activo y determinante que desempeñan, junto a otras instituciones, en la administración de la diversidad étnica y cultural (Cohen, 2009). Para lo cual se recurrirá a las representaciones sociales que tienen los docentes.

El discurso hegemónico no da cuenta de la diversidad en las migraciones, sino que tiende a plantearlas desde el pensamiento racional occidental capitalista donde las categorías y los conceptos son construidos a partir de opuestos aparentemente irreconciliables, tales como capital-trabajo, ellos-nosotros, nativo-extranjero. Es decir, hay determinadas representaciones que se vuelven hegemónicas, en detrimento de otras que se vuelven menos visibles. Estos sistemas dicotómicos tienen fuertes consecuencias en la construcción de las identidades y lazos sociales de los individuos en la sociedad.

 

Metodología

 

La estrategia de investigación seleccionada se encuentra apoyada en técnicas cualitativas de investigación. Concretamente, para analizar las representaciones sociales que circulan en el discurso hegemónico se tomaron como datos primarios los grupos focales realizados a docentes de escuelas primarias y secundarias del Área Metropolitana de Buenos Aires, en el marco del proyecto UBACyT “La discriminación hacia el extranjero como táctica de disciplinamiento social” (periodo 2004-2007), investigación dirigida por Néstor Cohen, y que tuvo como sede el Instituto de Investigaciones Gino Germani.

Del conjunto de dimensiones de los grupos focales, se consideraron para el análisis fundamentalmente dos de ellas: Razones de abandono de sus países de origen y Razones de elección de Argentina como país receptor.

 

Contexto: ¿la era post-industrial?

 

Varios autores coinciden en que nos situamos en el contexto de una era postindustrial, donde los hechos sociales no pueden ser explicados a partir del viejo paradigma industrial. Es decir, si bien nos encontramos en el desarrollo del modo de producción capitalista -y como tal, estamos ante la continuidad de su avance- no pueden dejar de analizarse las nuevas formas que el mismo va adquiriendo.

 En este sentido, para algunos autores como Wieviorka, en la fase postindustrial del capitalismo la cultura se sitúa como el eje central de las reivindicaciones y no las disputas en torno al capital-trabajo, por lo tanto la cultura pasa “a ser pensada cada vez más como un principio de división y de conflictividad mayor en el propio seno del cuerpo social” (Wieviorka, 2002: 278).

 La cultura financiera que se ha vuelto hegemónica, se asemeja a lo que Bauman denomina la mentalidad del cazador, propio de un medio ágil, desligado, de lazos líquidos y pasajeros que degrada la ética, la política, lo social y lo cultural de la humanidad, donde parecería reinar la competencia como forma primaria de socialización. Para Mármora (2000: 45), la ideología dominante de las sociedades postindustriales es el darwinismo neoliberal, donde ya no rige la solidaridad, sino que “el otro es un competidor en potencia de quien se debe desconfiar y del que hay que protegerse”.

 Por otro lado, mientras se produce una globalización de la cultura cada vez más profunda, se manifiesta paralelamente un resurgimiento de los nacionalismos, y en los casos más extremos, de actitudes xenofóbicas hacia grupos minoritarios como los migrantes. “La universalización de la economía y de la comunicación coexiste con el mantenimiento de una forma de organización política, el Estado-Nación, basada en el particularismo.” (Álvarez Dorronsoro, 1993: 66). Para Balibar y Wallerstein (1998), el universalismo de la ideología burguesa no resulta incompatible con un sistema de jerarquías y de exclusiones que se manifiesta ante todo mediante el racismo y el sexismo.

 Desde el punto de vista de Bauman, las comunidades premodernas se caracterizaban por la presencia de una sociabilidad densa, mientras que en las sociedades modernas predomina una sociabilidad líquida. En esta última, rige la libre circulación del capital, mientras que el trabajo encuentra su movilidad restringida (fijación territorial), el capital puede viajar por el mundo dejando las consecuencias en los distintos territorios. Dentro de este panorama, “la solidaridad se entiende sólo de puertas adentro; el de fuera es extranjero (alguien que dentro carece de derechos ciudadanos) y un extranjero (alguien que cae fuera de nuestra responsabilidad ética)” (Álvarez Dorronsoro, 1993: 68). Circula así el discurso de que los migrantes no merecen usar los servicios del sistema público como la salud o la educación de los países receptores.

 En este contexto, también incrementa la influencia de los medios de comunicaciones masivos, que refuerzan muchos de estos prejuicios. Para Moscovici (1986), nos encontramos en la época de las representaciones sociales, pues el creciente desarrollo de los medios de masas y la consecuente difusión de la información producen representaciones sociales de todos los hechos. Y de esta manera, la opinión pública refleja la connotación negativa respecto a los migrantes. Para Mármora (2000: 40), “las migraciones pasaron de ser un proceso positivo y deseable a ser visualizadas cada vez más como un ‘problema’, y está ya entrando en la categoría de ‘conflicto político-social’”.

 Entonces, se podría plantear que en la Argentina de los noventa se produce un proceso de fuerte fractura social que se intensifica con la crisis del 2001, es decir, “la existencia de franjas enteras de población, que, sin estar –aún– excluidas, se han debilitado, precarizado su empleo y en su renta, y que cada vez más tienen menos acceso y con más dificultades al consumo, a la salud, o a la educación” (Wieviorka, 2002: 279). En este sentido, se podría conjeturar que son especialmente esos sectores que se han debilitado los portadores de las representaciones sociales más negativas contra los migrantes, ya que consideran que no acceden a servicios sociales básicos como la salud y a la educación, no porque se hayan debilitado, sino porque los migrantes se “aprovechan” de dichos servicios.

 

Los puestos de trabajo

 

Las representaciones sobre una misma situación pueden variar con el tiempo. Por ejemplo, las representaciones sociales actuales en torno a los migrantes son distintas a las que eran años atrás. En este sentido Mármora (2000) señala que antes:

 

Las migraciones eran vistas como un aporte al desarrollo por parte de los países receptores, como una esperanza de futuro promisorio para los migrantes y una descompresión circunstancial para los países expulsores, (mientras que en la actualidad) las migraciones son vistas cada vez más como una amenaza por parte de los países receptores, como desesperada alternativa de sobrevivencia para los migrantes, y como una consecuencia inevitable de su pobreza para los países expulsores. (p. 37)

 

En este sentido, entre los docentes relevados en los grupos focales, encontramos opiniones donde los migrantes son asociados al paradigma del “mal migrante” al cual refiere Pacecca. Algunos docentes mencionan “que los que vienen acá tienen un nivel más bajo, al contrario de lo que hacemos nosotros, que vamos a otro país con otra profesión.” (Docente Escuela Primaria); “El chino no tiene trabajo en su país o no tiene las posibilidades que tiene acá, porque no sé si en China no hay trabajo. El que viene es el más bajo de la sociedad. La más rata.” (Docente Escuela Secundaria).

Como señala Wieviorka, el prejuicio permite a ciertos sectores, que en el caso argentino podría ser la masa de trabajadores que perdieron sus puestos laborales en la década del noventa, crear una distancia y superación con relación a otro grupo, del “que apenas está separado en términos propiamente sociales” (Wieviorka, 1992: 121). Entonces el migrante surge en estos discursos como un chivo expiatorio. El prejuicio permite “elaborar explicaciones racionales o de los hechos que remitan a la idea de problemas sociales muy reales” (Wieviorka, 1992: 127), como es el tema de la desocupación. Particularmente en relación a su propio campo laboral, los docentes señalan su disconformidad:

 

Yo creo que también, el rechazo que produce este comentario ‘¿Cómo extranjero docente?’ si no está cubierta la satisfacción laboral de muchos docentes argentinos, entonces, encima aceptamos extranjeros… no es que no se quiera o se rechace automáticamente por desprecio, bronca, o por lo que fuera… También hay que tomar en cuenta que los docentes… No, discúlpame… Muchos docentes están sin el trabajo necesario…” (Docente Escuela Primaria).

 

Para mí está mal, porque nosotros todo lo de los extranjeros, ya sea de cualquier parte del país, ellos vienen e imponen acá, nosotros no lo podemos hacer en cualquier parte del mundo. Entonces si la ley tiene que ser pareja, que sea pareja para todo el mundo. Por qué un profesor uruguayo, que puede ser una eminencia en el Uruguay, me viene a mí a tener que cambiar leyes dentro de la educación porque el hombre no puede dar clases. Bueno, cumplí con las leyes, tenés que revalidar tu título, si tenés que dar materias, dálas, y fíjate si realmente tenés los conocimientos. Si yo voy al Uruguay y quiero hacer lo mismo, a mí no me van a permitir. Entonces por qué yo te tengo que permitir a vos y vos no me vas a permitir?” (Docente Escuela Primaria).

 

Un sector de la población,

 

[…] en la medida en que proyectan sobre los extranjeros sus temores y su resentimiento, su desesperación y su desafío, no sólo combaten, como se pretende, la competencia, es algo mucho más profundo: de lo que tratan de distanciarse es de su condición de explotados. El objeto de su odio son ellos mismos, como proletarios, o la posibilidad de volver a caer en la noria de la proletarización. (Balibar y Wallerstein, 1998: 327)

 

Por lo tanto, “al expresarse de forma negativa sobre el otro, se presentan a sí mismos de manera positiva, se dispone de una argumentación y se establece una comunicación con los suyos” (Wieviorka, 1992: 120). En este sentido, la clase media en decadencia sería el sector que se más se quiere distanciar de ese otro, generando hábitos y costumbres para distinguirse.

Como señala Mármora, los migrantes no constituyen competencia para los nativos en los mercados de trabajo de los países receptores, sino que incluso pueden generar ganancias económicas para estas sociedades. A pesar de ello, se encuentra fuertemente arraigada la idea de que los migrantes sacan las oportunidades laborales a los argentinos. Algunos testimonios docentes ilustran esta problemática: “El empleador argentino prefiere esa mano de obra porque pagan menos.” (Docente Escuela Primaria); “Y bueno, mi papá siempre trabajó en una fábrica, y mi mamá era modista, pero ha tenido días en que ha trabajado en casas de familia, se le pagaba muy bien y ahora a las que toman  la mayoría son peruanas o paraguayas, en las casas de familia.” (Docente Escuela Primaria); “Mirá lo que pasa, mañana te sacan el trabajo a vos” (Docente Escuela Primaria); “Porque al venir cada vez más, usan mano de obra y la mano de obra baja, entonces yo quiero ir a trabajar…” (Docente Escuela Primaria); “Pero también hay muchos argentinos que pierden oportunidades laborales, pierden muchas oportunidades porque se las dan a ellos.” (Docente Escuela Secundaria); “Yo también me siento mal cuando quedan argentinos sin trabajar y vos decís ¿Por qué le dieron trabajo a esta persona y no se lo dieron al que está ahí? digo, yo tuve a los chicos en su momento, buscaban de lo que hubiera y les pedían unos requisitos que más o menos tenían que ser universitarios para ser cadete, ¿si? y de pronto el extranjero porque es extranjero consigue trabajo.” (Docente Escuela Secundaria); “Los bolivianos y los peruanos se matan por diez centavos coser una remera. Dáselo a una argentina.” (Docente Escuela Primaria).

Entre las razones de abandono del país de origen, la principal causa de la migración a la que aluden los docentes consiste en que viajan por cuestiones económicas, fundamentalmente por la búsqueda de trabajo y mejores condiciones de vida. Uno de los entrevistados señala:

 

Los paraguayos y peruanos para tratar de conseguir un mejor medio de vida, porque hay muchos de ellos que viene a trabajar acá y mandan dinero a su país. Muchos están teniendo a los hijos acá para después tener documentos, conseguir la ciudadanía.” (Docente Escuela Secundaria).

 

En la década del noventa con la política económica del uno a uno del dólar, muchos migrantes giraban el dinero que ganaban trabajando en la Argentina a sus países de origen, lo cual también es visto como un abuso de la patria, los migrantes son “aprovechadores”.

 

Los chinos, los coreanos vienen porque acá no se les cobra impuestos para poner un negocio. Entonces, yo soy uruguaya y vine de muy chiquita acá, pero siento que mi mamá vino y se puso a trabajar y listo. O sea, todo a pulmón. Sin embargo muchos vienen a aprovechar las circunstancias. Si bien entiendo cuál es el contexto de ellos y lo veo bien también, me parece que a veces hay un abuso, y eso molesta porque uno está luchando para salir adelante y ve que a otros extranjeros se les dan otras posibilidades y todo se les hace más fácil.” (Docente Escuela Secundaria).

 

También surge la idea de que no se otorgan las mismas posibilidades a los migrantes y a los nativos. En este sentido, los docentes opinan que: “Que sea justo para todos. Y tener nosotros, por vivir acá y ser argentinos, los mismos derechos o las mismas oportunidades que capaz le damos a los de afuera. Yo no me puedo poner un supermercado. Abrí un kiosquito y lo tuve que cerrar. O sea, esas cosas te dan bronca…” (Docente Escuela Primaria); “En la otra cuadra tenía el supermercado coreano y ellos no pagaban. Entonces yo digo cómo? Yo soy argentina y tengo todos los perjuicios y ellos que no son nativos tienen beneficios.” (Docente Escuela Primaria); “Realmente me molesta mucho las facilidades que se les dan a todo el que llegue a…A los inmigrantes” (Docente Escuela Secundaria); “porque es como ella dice, quizás decilo vos que lo dijiste bien, o sea, se liberan los impuestos, se les hace las cosas más fáciles para poner un negocio, que los coreanos tienen unos precios bajísimos cuando pobre el almacenero tiene que competir con el coreano, con el supermercado.” (Docente Escuela Secundaria); “parece que estamos en un momento en el cual tenemos que poner especial atención en nuestra población. - Porque hay mucha pobreza, falta de trabajo, y porque es la primera gente que quiero que salga adelante.” (Docente Escuela Primaria).

Consideran que los migrantes tienen más facilidades que los argentinos, y ven como algo negativo que aquellos “tengan muchos más derechos, derechos como para conseguir más fácil el laburo, para instalarse.” (Docente Escuela Secundaria); “Yo creo que le está sacando trabajo a la gente argentina que podría trabajar, yo lo veo así, porque trabaja más barato, no tiene documentos, hacen cualquier cosa y el argentino que no tiene educación o cultura y quiere trabajar sobre eso, no puede porque les conviene tomar al peruano, al boliviano, al paraguayo, no lo veo bien, entendés; ilegal" (Docente Escuela Secundaria); “Yo soy una persona de cuarenta años y he padecido que mi esposo no tenga trabajo. Que es una persona profesional, entonces esta gente viene y quizás tienen muchas posibilidades que una persona de la edad... Eso molesta, molesta.” (Docente Escuela Secundaria).

En cuanto a la relación que se establece entre el trabajo y la utilización de los servicios públicos, fundamentalmente la educación, podemos dar cuenta que es el mismo sujeto el que saca las oportunidades laborales a los argentinos, así como también el que utiliza los servicios públicos. En este sentido, se ve reflejado en las opiniones de los docentes que muchos chicos quedan sin becas porque se las dan a extranjeros o no pueden acceder a los hospitales ya que están colmados de pacientes extranjeros. “Mirá, yo no sé si yo seré más amplio, pero la idea acá…  Yo soy amplia, pero mirá lo que pasa, mañana te sacan el trabajo a vos” (Docente Escuela Primaria). En el siguiente apartado del artículo se profundizará más sobre esta problemática.

 

El uso de los servicios públicos

 

En la mayoría de los casos, los docentes cuentan que tienen varios migrantes en sus cursos: “Mi escuela está en Almagro, para que se den una idea, de Capital. Jornada completa, catorce grados y te diría que más del 50% de la población es de origen extranjero, del MERCOSUR.” (Docente Escuela Primaria).

 Dentro del campo de los servicios públicos, los migrantes parecerían utilizar dos esenciales y fundamentales para la sociedad: la educación y la salud. En relación a otros países de la región, Argentina presenta muy buen nivel de calidad del sistema sanitario y educativo, además de que cuentan con ser gratuitos. Ambos motivos llevan a que muchos migrantes vengan al país para hacer uso de los mismos. La problemática surge cuando el migrante tiene prioridad u ocupa el lugar que le “correspondería” al argentino. Por ejemplo, cuando un chico no puede acceder a una beca porque se la otorgaron a un migrante. “Tienen las cosas muy fáciles, porque nos ha pasado, a los que trabajamos en escuelas estatales, que a veces han quedado chicos de la zona sin vacantes porque tienen ellos (los migrantes) la prioridad.” (Docente Escuela Secundaria); “Primero hay que priorizar lo argentino.” (Docente Escuela Primaria).

Otra de las principales razones de los migrantes para venir a la Argentina es la educación. En este sentido, “muchos vienen sólo a estudiar, porque acá la educación es gratuita mientras que en sus países de origen es menos accesible” (Docente Escuela Secundaria). Especialmente porque la educación en sus países de origen es privada, y por lo tanto hay que pagar por ella. En la Argentina “digamos hay más cobertura desde el punto de vista médico, educacional” (Docente Escuela Primaria); “La buena atención de la salud es privada afuera.” (Docente Escuela Secundaria).

En relación al uso de los servicios sanitarios, los docentes opinan que “las paraguayas cruzan la frontera y van a Posadas a tener el chico allá, porque… y los atienden gratis en el parto, porque sale fortunas un parto…” (Docente Escuela Primaria); “Me tocó tener peruana y venían por el tema de que la salud en Perú es muy cara y la mujer ésta tenía que operar al hijo de apéndice…” (Docente Escuela Primaria); “Y en la maternidad acá hay más extranjeras, ya sea bolivianas, paraguayas y peruanas, que argentinos atendiéndose.” (Docente Escuela Primaria); “No esto de que me contaba una vecina mía que es obstetra, ginecóloga y trabaja en el hospital el Carlos Santoyiani y dicen que es común que una vez por mes, cada 20 días aparecen tours de embarazadas bolivianas que en combis las traen de allá, vienen 7, 8 embarazadas cuando están ya en el séptimo mes y ya se instalan acá el chico nace argentino, ¿no? Y vienen todas en grupo.” (Docente Escuela Secundaria); “No es así, los hospitales acá no tiene gasas, no tiene algodón, no tiene nada, hacen paro, no podes atenderte en un hospital público pero la gente de afuera lo puede utilizar, ¡es injusto! Tendría que ser bueno para los trabajadores argentinos para nosotros los hospitales… o que les cobren algo.” (Docente Escuela Secundaria).

Ya sea por la educación o por la salud, la utilización de los servicios públicos de forma gratuita es un aspecto reiterativo y fundamental en los relatos de los docentes: “la Universidad de La Plata está llena de peruanos que vienen a estudiar.” (Docente Escuela Secundaria); “También tiene que ver la pobreza que hay en Bolivia y en Perú. La posibilidad de estar en un país como Argentina que tiene las fronteras abiertas, que les da la posibilidad de tener salud y educación. Es una tentación muy grande.” (Docente Escuela Primaria); “Vienen a estudiar, porque acá es mucho más barato. Se van de allá porque no estudiar es muy caro y por el nivel de estudio. Acá tienen un muy buen nivel y la educación es gratuita” (Docente Escuela Secundaria) “Y debe ser por la educación, porque hasta la clase universitaria y terciaria vos tenés acá que es gratis, mientras que en muchos países del mundo no es así” (Docente Escuela Primaria). Particularmente, en relación a la educación, un docente señala “es mejor que la que tienen. Allá para hacerse cualquier cosa tenés que pagar.”  (Docente Escuela Primaria). El conflicto radica que con la presencia de migrantes, “el sistema social está saturado” (Docente Escuela Primaria); “Es una cosa así como muy, como que invaden.” (Docente Escuela Secundaria).

Para otro de los docentes, la problemática surge puntualmente cuando los migrantes “quitan las posibilidades” a los argentinos:

 

Yo tengo el caso de familiares que por una casi tragedia familiar, las nenas no tenían comedor escolar, o sea, los padres ya no podían…Ya no les cerraban las cuentas. Y le venían negando permanentemente el comedor escolar, ni media beca. La mamá decía: ‘pero, pucha, voy al comedor y está lleno de bolivianos. A todos les han dado la media beca o la beca porque no pueden. Y a mí, que se me desató un problema tremendo…’. Bueno, tuvo que, qué sé yo, llorar lágrimas de sangre para que comprendieran que realmente, si bien era profesional, tenía un problema terrible” (Docente Escuela Secundaria).

 

Por otro lado y no menos importante en la construcción de estos discursos estigmatizantes, “la nueva estructura de los grupos migratorios supone un costo social creciente, porque del inmigrante temporal, adulto y con trabajo, se ha pasado […] a grupos familiares con necesidad de escolarización, atención médica, asistencia social y seguro de desempleo” (Wieviorka en Álvarez Dorronoso, 1993: 63-64). Como señala uno de los entrevistados, “y superpobladas las familias ¿no? Porque los que venían, vienen con cinco o seis hijos. Vienen con los abuelos, con toda la familia.” (Docente Escuela Secundaria). “Y los papás como decías, ni siquiera se preocupan, es una cobertura para el hijo también.” (Docente Escuela Primaria). Es decir, se encuentran presentes las representaciones sociales de que Argentina ofrece trabajo y servicios públicos, y los migrantes las “aprovechan”: es una inversión, tanto para el padre que consigue trabajo, la madre que se atiende gratis en los hospitales y para el hijo que estudia con becas. Ya no es el migrante que viene a “forjar al país”, sino que viene con la lógica de la subsistencia.

Esta idea de inversión, tanto para quien no paga los impuestos como para aquel que viene por la educación gratuita es recurrente en las opiniones “Y no sé… porque allá como que no pueden estar... Para ellos es una inversión.” (Docente Escuela Primaria); “Qué sucede con este extranjero, que se lleva realmente la ganancia, lo que pudo hacer a su país, a costa de nosotros que seguimos pagando los impuestos.” (Docente Escuela Primaria); “Pero aparte de eso acá, por el tema de no pagar impuestos y qué se yo, sacan ventaja, les conviene.” (Docente Escuela Primaria).

En continuidad, también se encuentra presente la idea de que hay un aprovechamiento para con las oportunidades y posibilidades que brinda el país, y es mal visto asimismo que los migrantes no retribuyan de alguna manera:

 

Me parece que nadie vio esa falla. A mí me parece bien que esté abierto, yo soy, yo me peleo con todo el mundo con el tema de la inmigración. Para mí la Argentina tiene que ser un país abierto en ese sentido, pero también tiene que tener un sentido nacional. Todas aquellas cosas que se hacen, que se dan, se brindan; bueno tienen que ser retribuidas de alguna manera. Si yo te preparo, yo te doy la mejor de las universidades, porque indudablemente acá están las mejores universidades, acá; de Latinoamérica, bueno ‘laburá’ por lo menos dame cinco años de tu trabajo o dáselos a la Argentina” (Docente Escuela Primaria).

 

Yo creo que el oportunismo del que viene de afuera, muchas veces viene con la intención de sacar provecho, los que vienen de niveles muy bajos de Bolivia, Perú, vienen a beneficiarse porque hay plan social, porque hay esto, porque hay lo otro, porque la educación es gratuita, muchos vienen a estudiar […] Sin embargo muchos vienen a aprovechar las circunstancias” (Docente Escuela Secundaria).

 

 Los migrantes se presentan, así, bajo calificativos como oportunistas, vagos, abusadores… A la luz de les entrevistados son vistos como ventajeros, y que vienen al país con la “cultura de pedir”.

 

Ahora, otra característica de los... no sé si son chinos, coreanos, taiwaneses, es que por ejemplo, a mí me ha pasado que han solicitado beca para el comedor. Y eran la mamá con los dos nenes. Pero estaban viviendo en la casa de la abuela y la abuela les pagaba la obra social de Swiss Medical. Y la abuela los venía a buscar con un Alfa Romero. O sea que ellos... yo le hacía entender. Si la abuela puede pagar esto también puede pagar una beca. Pero como que ellos están a la expectativa que si en el país se dan becas...” (Docente Escuela Primaria).

 

 “Allá es todo ir a comer. Ir a pedir hoja, lapicera, lápiz. Dependen. Ya directamente eso es pedir. Cambió todo, digamos. Yo trabajo en la zona y en Florencio Varela yo también trabajo, es pedir, un pedir constante. Ellos no quieren, digamos, están acostumbrados, digamos. La otra vez estaba hablando en una reunión de profesores que hubo hace poco, un perfeccionamiento. Y decían: ‘estos chicos son los de los padres que tienen que pedir’. Ellos están en la casa, la cultura, digamos, es pedir .Ellos le dicen al hijo: ‘vos tenés que ir a comer al comedor. Si no tenés hojas, andá y pedile a tu preceptora o a tu profesor. Que te den hoja, lápiz, lapicera. ¿Guardapolvo no tenés? Andá y pedí’” (Docente Escuela Secundaria).

 

Si bien surgen algunas diferencias entre los migrantes de acuerdo a su país de origen, a la hora de utilizar los servicios y ocupar los puestos de trabajo son agrupados bajo la misma categoría de “no deseados”. Pues son los mismos sujetos, los que “quitan” un puesto de trabajo a un argentino, así como también los que “ocupan” un lugar en el colegio, dejando afuera a un argentino. Se presenta constantemente la idea de que hay un aprovechamiento del patrimonio nacional, sin ninguna retribución a cambio. Incluso es visto como algo negativo que varios migrantes envíen el dinero que ganan en la Argentina a sus países de origen. “No, seguro. Yo lo veo de todas maneras, insisto, que lo que se despachan son las políticas educativas, digamos que si vos estas preparando a alguien de afuera, por lo menos son cinco años de trabajo para acá. No que se lleve el título y se tome el ‘palo’”. (Docente Escuela Primaria); “La gente busca trabajo y nos sacan fuentes de trabajo a nosotros […] lo que si se pide es que las cosas sean equitativas ¿qué pasa con la gente de acá que también necesita?” (Docente Escuela Secundaria); “Si acá fuéramos respetados por las autoridades que nos gobiernan no permitirían que los extranjeros hagan de nuestra ciudadanía lo que los extranjeros quieren, y nosotros no podemos hacer en el extranjero lo que nosotros queremos. Primero hay que priorizar lo argentino.” (Docente Escuela Primaria).

 Retomando a Álvarez Dorronsoro, la solidaridad se entiende sólo de puertas adentro, y por lo tanto, circula el discurso de que los migrantes no merecen usar los servicios públicos como la salud o la educación de los países receptores. Se debe señalar que durante la década del noventa en la Argentina se produce una fuerte política de desindustrialización, que dentro de sus consecuencias, deja a varios argentinos sin trabajo, con lo cual estos sectores debilitados socioeconómicamente sienten que la causa inmediata de su pérdida de empleo es la presencia de los migrantes y no las políticas económicas adoptadas por el gobierno. En un escenario con estas características, Mármora (2000) sintetiza, del siguiente modo, el proceso por el cual los migrantes son definidos como chivos emisarios:

 

Los migrantes son funcionales para los gobernantes que desplazan la culpa de sus errores en un `chivo emisario` que no tienen muchas posibilidades de desmentirlo. Son funcionales para los políticos que, colocando los atributos del enemigo en el `otro`, acumulan los votos del resentimiento y el miedo. Sobre todo cuando el `otro` no es un cliente electoral. (p. 49)

 

De ahí que el discurso hegemónico resulta funcional al desarrollo de estructuras de dominación, conformando representaciones sociales negativas sobre los migrantes y haciéndolos responsables de una realidad social, de la cual ellos son el producto y no la causa.

 

La construcción del “otro”

 

En el capitalismo occidental moderno, la construcción de las identidades se produce a partir de una serie de binomios, aparentemente opuestos, pero relacionados entre sí: pues sin uno de los términos no existiría el otro. Ejemplos de estos conjuntos de opuestos son: nacional-extranjero, ciudadano-esclavo, nosotros-ellos, diferentes-integrados, desiguales-participantes, conectados-desconectados... Como señala Bauman (1998), la función del lenguaje consiste en nombrar y clasificar.

 El nacionalismo promueve uniformidad y el migrante es visibilizado como un “otro” permanente. “Desde la perspectiva de la mayoría nativa ´todos los extranjeros ´son lo mismo (…) la individualidad del extranjero se disuelve en la categoría.” (Bauman, 1998: 117)

 Si las representaciones sociales permiten fijar una posición en relación con situaciones, podemos ver cómo cierto grupo –los docentes– se sitúan respecto a los migrantes.

 

A mí me parece que tenemos que considerar cual es el extranjero que va a entrar a mi casa o en nuestra escuela. Claro, el nivel social que estamos comparando porque... Si el extranjero que entra en mi casa es un alemán o un francés o un inglés, yo lo recibo de una manera. - Es verdad. - Pero si el que va a entrar a mi casa es un paraguayo o un boliviano...- Lo mirás diferente. - Hay otros prejuicios. - ¿O no? Lo mismo si se inserta en nuestro salón, en nuestra escuela, un chico alemán, un chico inglés, un chico holandés... - Suizo... - La cuestión es distinta. Hay que ver también con qué extranjero estamos hablando.” (Docente Escuela Primaria).

 

Entonces se produce una homogeneización del otro, donde se pierde la especificidad de cada caso particular. Por ejemplo, en relación a la no distinción de los orientales (no hay una diferenciación entre japoneses, chinos y taiwaneses), algunos docentes señalan: “No, por eso digo que es otro mundo. Y a mí me pasa que en una de ellas tengo 4 o 5 coreanos o japoneses, no sé qué son, la verdad, son todos estos apellidos orientales, pero son chicos que no puedo creer el modo en que hablan, perfecto, tienen mejor redacción que los argentinos.” (Docente Escuela Secundaria);  “Creo que la mayoría son coreanos, pero yo no sé distinguir por ahí...” (Docente Escuela Primaria); “Tengo un chiquito coreano… lo llamo coreano, bah, no sabemos a veces si son coreanos…” (Docente Escuela Primaria); “Claro, para nosotros es todo lo mismo, chinos... pero para ellos no” (Docente Escuela Primaria); “Lo que pasa es que a veces vos decís ‘voy al coreano’ y es un chino, entonces al chino le decís coreano.” (Docente Escuela Secundaria); “Hay uno de los tres (taiwaneses, coreanos, chinos) que son antisociales y sucios. Pero no los distingo.” (Docente Escuela Secundaria).

También refieren a que en otras etapas de la inmigración se buscaba integrar a los migrantes: “Yo me remito a la época de la gran inmigración, ¿no? Bueno las épocas son distintas pero el proyecto, no sé, desde la ley 1420, ¿no? Esto que contemplaba la inmigración, insertar y hacer argentinos a esa gente que venía. Eran otras épocas.” (Escuela Docente Primaria). Siguiendo lo expuesto por Bauman (1998: 100), el migrante “realizó este tránsito hacia el mundo de la vida sin estar invitado […] es una amenaza constante para el orden del mundo”. En este sentido, se podría destacar que en la Argentina no hubo una política de fomento a la inmigración durante la década del noventa.

 También los docentes dan cuenta de que asistimos a un cambio en la solidaridad entre pares: “Yo veo dentro de una división. Yo me acuerdo cuando yo estudiaba, dentro de una división, la división donde yo estaba, en la escuela, me acuerdo era una división que íbamos a todos los lugares juntos. Hoy en día, una división está dividida, pero en doscientas mil partes. No se conocen, creo que no deben conocer al que tienen al lado. Y no hay interés por el otro” (Docente Escuela Secundaria); “Yo siempre pienso lo que dije antes. Yo primero le tengo que dar de comer a mi familia, y si me sobra, le doy al vecino. Yo no le voy a dar al vecino y no a mi hija” (Docente Escuela Primaria).

 Circula el discurso de que por más que los migrantes estén radicados en nuestro país, nunca serán completamente argentinos, es decir, son concebidos como un “otro” permanente: “el extranjero perturba la resonancia entre la distancia física y psíquica: él está físicamente cerca mientras que espiritualmente se encuentra muy lejos.” (Bauman, 1998: 101). “Yo lo que veo es que a todos estos, a todos, el país les da de comer, les da todo, pero ellos, su corazón, querida, aunque hayan venido de chiquitos, su corazón está en la Madre Patria” (Docente Escuela Primaria); “Aunque hayan venido de chiquititos, de dos o tres años y ellos no se acuerdan de allá más que por los relatos familiares, su corazón está puesto allá, y te muestran en el mapa, porque yo nací y viví acá, y si vas de viaje andá a acá…El marketing que hacen. ¿Sabes por qué?, porque no perdieron las raíces de sus costumbres autóctonas, y nosotros las perdimos” (Docente Escuela Primaria); “Suelen reunirse el día de descanso de ellos alrededor de una mesa y lloran muchísimo recordando su tierra. Te digo porque dí muchos años clase particular a coreanos.”(Docente Escuela Primaria); “Yo estoy hablando de coreanos. Y yo veía que había muchas botellas de alcohol de marca y entonces un día le pregunté: ¿por qué tanta bebida alcohólica? a la nena. Y ella me contó. Todos los paisanos se reúnen y lloran mucho recordando Corea.” (Docente Escuela Primaria).

 A su vez, algunos de los docentes entrevistados realizan una distinción que remite al paradigma del “buen” y “mal” migrante de Pacecca, que en última instancia se refiere a la dicotomía civilización-barbarie. Los migrantes de los países limítrofes suelen estar asociados, en particular, al paradigma del “mal migrante”, se los homogeniza y se los presenta como extranjero, más que como migrantes. En relación a las fronteras, los docentes opinan que debería haber un control más estricto al ingreso en el país, ya que la entrada por tierra es más difícil de vigilar. Comentan que “mil entradas tienen” (Docente Escuela Primaria); “Y además la facilidad para cruzar la frontera…A los países limítrofes es más fácil” (Docente Escuela Primaria).

 Como señala, Álvarez Dorronsoro (1993):

 

La noción de `raza` es constructiva y no descriptiva; presupone de manera explícita o implícita, una jerarquía de las razas y de las culturas, y una afirmación de la superioridad occidental. Las diferencias que se postulan son físicas, pero también culturales, intelectuales y morales: en el pensamiento racista existe una correspondencia estable entre lo físico y lo mental. (pp. 113-114)

 

En este sentido, surgen, entre los docentes entrevistados, algunas posturas estigmatizantes y negativamente racistas, tales como “Necesitamos raza aria de los argentinos, necesitamos aquí en Buenos Aires. -Totalmente” (Docente Escuela Primaria); “¿Qué habría que hacer? ¿Qué se podría hacer? -Ponerle un límite... -Pegarles una patada en el culo y volverlos a su país.” (Docente Escuela Primaria); “tenemos que priorizar lo nativo nuestro.” (Docente Escuela Primaria).

La familia y la escuela, dos de las principales instituciones de la sociedad, reproducen la creación de una etnicidad ficticia, “la articulación de una comunidad lingüística y de una comunidad de raza implícita en las políticas de la población.” (Balibar y Wallerstein, 1998: 159). La   escuela,  en   tanto   grupo   primario, constituye un ámbito fundamental para la socialización de los individuos. Los actos de nominación y clasificación que realiza el sistema educativo tienen fuertes consecuencias, pues hace que los alumnos conozcan sus límites y expectativas. Si bien los docentes no son los únicos actores que habitan el sistema educativo, es fundamental dar cuenta cuáles son sus posturas frente a la otredad –cuál es el lugar atribuido a los migrantes y cuál, a los nativos– y los valores que transmiten, al respecto, a sus estudiantes.

 

Reflexiones finales

 

El discurso hegemónico construye a los migrantes como “usurpadores” o “abusadores” del patrimonio nacional, estableciendo una relación en torno a la ocupación de los puestos de trabajo y de los servicios públicos. Pues predominan las representaciones sociales de que son los mismos sujetos quienes sacan puestos laborales a los argentinos y ocupan lugares en las camas de los hospitales, aparentemente sin devolver nada a cambio. La construcción de tales discursos se encuentra fuertemente arraigada en la sociedad, y consideran al migrante como la causa fundamental de la decadencia socioeconómica de ciertos sectores.

 Entonces el discurso hegemónico resulta funcional al desarrollo de estructuras de dominación capitalista, conformando representaciones sociales negativas sobre los migrantes, utilizándolos como chivos expiatorios de procesos globales mucho más amplios. Si bien surgen algunas sutiles diferencias en torno a estos actores, se los suele homogeneizar dentro de una categoría más vasta, como “otros” que nunca formarán parte de la sociedad nativa. Por lo tanto, desde este planteo determinista se generaliza la idea de que no merecen hacer uso de la ciudadanía argentina. En este sentido, las representaciones sociales que circulan sobre los migrantes como ventajeros y abusadores se extienden y vuelven recurrentes. Se encuentra a su vez muy arraigada la idea de inversión que realizan, ya sea a partir de la apropiación del capital económico (trabajo) o de capital cultural (educación).

 Las reformas neoliberales producidas en la Argentina significaron un punto de inflexión con el anterior paradigma político-económico, que se regía por la industrialización, el crecimiento del mercado interno, el pleno empleo y el corporativismo. En la década del noventa, las principales políticas adoptadas tendieron a la desindustrialización y la desregulación de la economía, aumentando la desigualdad y la exclusión social. En este contexto, los migrantes se presentan como un chivo expiatorio para explicar la desocupación. Además, cada vez más sectores en decadencia deben utilizar los servicios públicos, como la ecuación y la salud. En este sentido, los migrantes también son usados como chivo expiatorio para explicar el deterioro del sistema público.

 El presente artículo busca ser un aporte para quienes deseen generar transformaciones en las conductas sociales. La intervención en el plano de las representaciones sociales no debe ser menospreciada, ya que si las consideramos núcleos de significación y generadoras de conductas, sólo su cuestionamiento permitirá habilitar nuevas acciones.

 En este sentido, es esencial la presencia de lazos sociales fuertes dentro del orden social, donde sus miembros se encuentren fuertemente integrados, conformando una comunidad sin anomia, rasgo aparentemente característico de las sociedades industriales modernas, que muchas veces parecerían regirse por las normas de la solidaridad líquida. Por lo tanto, se debe dar un proceso de socialización desde los grupos primarios, como la familia y la escuela, a través del cual ciertos valores se arraiguen en la subjetividad de los individuos.

 

Bibliografía

 

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Álvarez Dorronsoro, I. (1993). Diversidad cultural y conflicto nacional. Madrid: Ed. Talasa.

 

Balibar, E. y Wallerstein, I. (1998). Raza, nación y clase. Madrid: Ed. Iepala.

 

Basualdo, E. (2006). Neoliberalismo y sectores dominantes. Tendencias globales y experiencias nacionales. Buenos Aires: CLACSO.

 

Bauman, Z. (1998). Modernidad y ambivalencia. Barcelona: Antophos.

 

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Moscovici, S. (1986). Psicología Social. II: Pensamiento y vida social. Psicología Social y problemas sociales. Barcelona: Paidós.

 

Portes, A. (2001). El neoliberalismo y la Sociología del Desarrollo. Tendencias emergentes y efectos inesperados. En F. Rolando (Coord.). Sociología del Desarrollo, políticas sociales y democracia. México: Siglo XXI.

 

Wieviorka, M. (1992). El espacio del racismo. Barcelona: Paidós.

 

Wieviorka, M. (2002). La diferencia cultural como cuestión social. Barcelona: Anthropos.

 

Zapata, F. (1993). Autonomía y Subordinación en el Sindicalismo Latinoamericano. México: Fondo de Cultura Económica.

 

 

 

 

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